Desde cuando existen los ertes

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Romain de Tirtoff (23 de noviembre de 1892 – 21 de abril de 1990) fue un artista y diseñador francés de origen ruso conocido por el seudónimo Erté, procedente de la pronunciación francesa de sus iniciales (pronunciadas [ɛʁ.te], AIR TAY). Fue un artista y diseñador del siglo XX en diversos campos, como la moda, la joyería, las artes gráficas, el vestuario y la escenografía para el cine, el teatro y la ópera, y la decoración de interiores.

Tirtoff nació en San Petersburgo con el nombre de Roman Petrovich Tyrtov (Роман Петрович Тыртов), en el seno de una distinguida familia cuyos orígenes se remontan a 1548, de un kan tártaro llamado Tyrtov[2] Su padre, Pyotr Ivanovich Tyrtov, fue almirante de la flota rusa.

En 1910-12, Romain se trasladó a París para hacer carrera como diseñador. En París vivió con el príncipe Nicolas Ouroussoff (17 de diciembre de 1879 – 8 de abril de 1933) hasta la muerte del príncipe en 1933[3] La decisión de trasladarse a París se tomó a pesar de las fuertes objeciones de su padre, que quería que Romain continuara la tradición familiar y se convirtiera en oficial de la marina. Romain adoptó su seudónimo para no deshonrar a la familia. Trabajó para Paul Poiret de 1913 a 1914. En 1915, consiguió su primer contrato importante con la revista Harper’s Bazaar, y así inició una ilustre carrera que incluía el diseño de trajes y decorados. Entre 1915 y 1937, Erté diseñó más de 200 portadas para Harper’s Bazaar, y sus ilustraciones también aparecieron en publicaciones como Illustrated London News, Cosmopolitan, Ladies’ Home Journal y Vogue[5].

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Desde el inicio de la pandemia de SARS-CoV-2, la mayoría de nosotros hemos aprendido algunas palabras y conceptos nuevos que hasta ahora sólo unos pocos conocían: mascarillas quirúrgicas, mascarillas FFP2, coronavirus, EPI, PCR, teletrabajo, etc… La pandemia ha cambiado (y repercutido) en todo: el ámbito de la salud, el económico y, por supuesto, el laboral.

Los despidos temporales conocidos en España como ERTEs han sido noticia, formando parte de la «nueva normalidad» de estos últimos meses. Y mientras la ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, llama a la calma al anunciar un nuevo acuerdo con sindicatos y patronal para prorrogar los ERTEs hasta el 31 de mayo, muchas empresas se preguntan qué pasará si, lamentablemente, el ERTE que se les aplica tiene que convertirse en un ERE.

La principal diferencia entre un ERTE y un ERE radica en el carácter temporal o permanente de estos procedimientos. Así lo reflejan las siglas en español. Un ERTE implica una suspensión temporal del contrato de trabajo, mientras que en el caso de un ERE, el contrato no se suspende, sino que se extingue, por lo que la relación laboral llega a su fin.

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También se considerará que existe fuerza mayor en todos aquellos casos extraordinarios en los que se deba paralizar la actividad de la empresa como consecuencia del contagio de la plantilla o del aislamiento preventivo decretado por la autoridad sanitaria competente.

Los trabajadores afectados por el ERTE, cualquiera que sea su naturaleza, tendrán derecho a las prestaciones por desempleo. Este derecho se reconoce a todos los trabajadores, incluso a aquellos que no cumplan con el periodo mínimo de cotización (360 días en los últimos 6 años). Además, el periodo de percepción de la prestación no se imputará al total de las prestaciones de los derechos de desempleo.

Para el cálculo de las prestaciones correspondientes a cada trabajador, se tendrá en cuenta la remuneración percibida durante los últimos 180 días trabajados. Si el tiempo trabajado es inferior a esa cifra, se considerará el número de días trabajados antes de la suspensión del contrato.

No obstante, se anima a las empresas a implantar mecanismos de teletrabajo, siempre que sea posible por las características de cada puesto de trabajo. Para implantar esta medida se debe realizar una evaluación de riesgos tal y como establece el artículo 16 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.

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A través de un ERTE la empresa suspende el contrato de trabajo del empleado o reduce su jornada (con el consiguiente recorte salarial proporcional) por causas de fuerza mayor o por motivos económicos, técnicos, organizativos o de producción. No se despide al trabajador, pero se suspende temporalmente el contrato de trabajo, es decir, se le suspende.

Ante la situación de alarma por el virus corona y el cierre de muchas empresas, el Gobierno español aprobó el Real Decreto del 17 de marzo. Este Decreto establecía medidas excepcionales para los ERTEs. Agilizó el procedimiento y flexibilizó sus requisitos.

Este tipo de ERTE puede mantenerse durante el estado de alarma. Tiene ventajas para el trabajador, por ejemplo que no será necesario tener un tiempo mínimo de cotización para poder solicitar el cobro del paro. En una situación normal es necesario haber trabajado al menos 360 días en los últimos seis años anteriores al despido. Sin embargo, durante el estado de alarma se ha eliminado este requisito.

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