Quinquis de los 80

Quinquis de los 80

El cine quinqui de los 80 [iker jiménez]

La exposición se divide en dos secciones. La primera analiza la figura del quinqui como icono, mostrando con detalle el modo en que la prensa sensacionalista informaba sobre el día a día de los jóvenes delincuentes, a partir de su detención, la institución penitenciaria y su posterior fuga. Se trata de un esteticismo y una representación estereotipada de los delincuentes en los años 80, mostrando la forma en que se proyectaba el fenómeno, especialmente en la prensa gráfica y en el cine, y la manera en que unos medios se alimentaban de los otros.
Personajes como El Vaquilla o El Jaro se convirtieron en héroes cotidianos de la vida en los márgenes de la sociedad y en carne irresistible para la prensa. También se analizan aquí los salones recreativos como principal forma de ocio de los adolescentes, protagonistas de la exposición. Este territorio agrupa a esa generación de jóvenes de los setenta y a la industria cultural juvenil en un contexto internacional y sus formas capitalistas de consumo.
No son sólo las historias de la prensa las que alimentan las películas, sino también las películas las que alimentan los periódicos. Detrás del mito, analizado y examinado en profundidad en la exposición, están los hechos reales, para los que también hay que buscar explicaciones y motivos, sobre todo para evitar que en el futuro se produzcan tragedias individuales como las vividas por los quinquis en los años ochenta, tragedias que son, en esencia, la evidencia de un fracaso colectivo.

Chirigota los quinquis de los 80

Libres por primera vez en cuarenta años, los directores españoles ya no se enfrentaban a la censura y podían crear el cine caótico, alegre y tabú que la gente había ansiado durante tanto tiempo. Enamorados de la libertad y el hedonismo, los cineastas quinquis captaron la naturaleza compleja y romántica de los delincuentes adolescentes que rompían el molde de lo que se podía y no se podía hacer en una sociedad postfranquista.
Como esto no era un tema candente en las academias, los directores solían encontrar a sus actores en la calle. A menudo eran ellos mismos delincuentes, y llegaron a trabajar con directores quinquis para retratar sus estilos de vida, como José Luis Manzano y El Torete. Desgraciadamente, muchos murieron muy jóvenes por sobredosis de heroína o por sida.
A pesar de su crudeza, de su calidad de película de serie B y de su contenido de baja calidad, el cine quinqui se ha integrado en el canon español. De la misma manera que la Nueva Ola Francesa es emblemática de una Francia en plena transformación, o el neorrealismo italiano es emblemático de una Italia en crisis, el Cine Quinqui refleja la lenta y aparentemente interminable salida de España de la dictadura fascista.

Tributos al cine quinqui

Una huella es un vestigio, señal o indicio de algo que ya ha sucedido. Dejamos huellas todo el tiempo, nos demos cuenta o no. Se podría decir que «somos» en la medida en que dejamos un rastro; las huellas que dejamos son la medida de nuestra existencia actual (o pasada). Nuestra presencia es perceptible queramos o no ser percibidos; nuestro rastro involuntario dice mucho más de nosotros que las marcas que hacemos deliberadamente. Las huellas involuntarias guían a los demás, proporcionando información sobre nuestras identidades aunque no estemos presentes.
El año 2020 ha trazado una línea roja que nos obliga a considerar nuevas formas de existencia. El mundo, tal y como lo conocíamos, está cambiando, y nuestros cuerpos y mentes lo están siguiendo. En el ciclo Un Rastro Involuntario, queremos poner el foco en todo aquello que queda al margen, identificar pistas que nos den una visión de este nuevo y complejo mundo, y hacer visible toda esa información a través de exposiciones, narraciones y performances donde la ficción, la imaginación, el humor, el cuerpo y el lenguaje se vuelven esenciales y nos dan una orientación y perspectiva menos racional.

Iker jiménez quinqui, carmen porter y rumba tres

La muestra adopta la forma de una instalación de dos piezas que explora el rastro digital que dejan las imágenes aleatorias y automáticas que se generan constantemente. La obra de Rafman examina la relación entre la tecnología y los usuarios y sus implicaciones para la experiencia humana moderna. El ciberespacio se muestra como un pozo sin fondo, una fuente inagotable de datos e imágenes donde la sobreabundancia y lo desechable son tan importantes como lo utilizable. En You, the World and I, Rafman explora la capacidad infinita del mundo digital, donde nada desaparece y cada interacción deja un rastro a su paso. Internet se expone como un lugar en el que cabe todo y nada, donde hemos perdido la capacidad de autonomía debido a la fusión entre el mundo real y el virtual.
La amante perdida en Tú, el mundo y yo es recordada por su negativa a que nadie la fotografíe, no sólo por la antigua creencia de que las fotos te roban el alma, sino porque creía en el flujo de la experiencia y en un mundo sin imágenes, un mundo recordado por la memoria humana, con sus defectos y limitaciones.

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