ESTO ES LO QUE HAY.

Las reacciones al diagnóstico suelen oscilar entre un "se me vino el cielo encima" y la más o
menos serena iniciativa de una decidida búsqueda de información que puede comenzar en la
misma consulta del neurólogo pidiéndole a éste alguna referencia para legos en la materia, o
sea, alguna publicación escrita en lenguaje -digámoslo así- al alcance de cualquiera y que
hoy, con la informática e Internet en casi todos los hogares, continuará con toda
probabilidad en el Google u otros buscadores al uso.

En el primer caso, el sujeto entra en un tiempo donde las emociones se desatan, las
incertidumbres atosigan y asedian. A veces, se busca una segunda opinión, lo que cabía
esperar en un futuro se ha adelantado y es ya una realidad presente. La imagen de sí mismo
por momentos está rota. Un horizonte de pérdidas y de renuncias se perfila con claridad
suficiente frente a la inquietante percepción de que mañana no será mejor que hoy y que lo
mejor no está por llegar, sino que, sencillamente, ha pasado ya. Los sentimientos se
amalgaman y se exacerban. Compadecerse, lamentar su suerte, aislarse, culparse, no
arregla nada de lo que no tiene arreglo. El sujeto que se encuentra en este caso vive un
tiempo de dolor y duelo, un tiempo en el que la mañana ha perdido su color y los días se
levantan y nos convocan a vivir encuentros donde las posibilidades florecen ya amputadas.

Y, sin embargo, este tiempo que, generalmente viene a calificarse de depresión reactiva, es
muy necesario para poner un poco de sensatez en este desconcierto, un tiempo
indispensable para reorientarse y salir de este shock.

Antes o después, experimentará, desbordado y sobrepasado por la noticia en sí que
habérsele "venido el cielo encima" es demasiada carga para llevarla solo. Y no tardará en
comprender que si no hace algo, "ese cielo encima" terminará arrastrándolo por los pies
hasta las mismísimas puertas de su personal infierno.

Este tiempo de dolor y duelo, de situarse y de tomar posiciones en la nueva circunstancia
que le toca vivir, se cierra cuando se accede a ver las cosas como son, porque las cosas son
como son y lo que son, tanto si se tiene parkinson como si no se tiene.

Y en cuanto a la manera de verlas, podrán ser varias y variadas, pero solo nos salva una:
la buena manera, la que nos permite ver el bien o la inconveniencia que tengan.

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